Hablar de Pisco, es hablar de tradición, de arte, de historia, pero sobre todo de pasión y es que, este destilado de uva que nos acompaña por más de 400 años, ha sabido impregnarse en nuestra piel, en nuestra alma y en nuestro corazón y desde allí, generosamente, lo queremos difundir.
Desde Pisco, puerto del sur peruano, se embarcaba este aguardiente hacia España y las colonias, el que le dio origen al nombre de esta bebida espirituosa, que se precia de ser el único destilado que no se rectifica. Por si fuera poco, están las vasijas de barro llamadas “pisco”, elaboradas por alfareros ancestrales; que servirían luego como recipientes donde se almacenaba esta bebida; así como “piskkos”, aves de litoral que rondaron la zona durante siglos, los que se encargarían de confirmar su nombre.


Cuentan los cronistas que los españoles trajeron la vid allá por el siglo XVII al nuevo continente, y que el primer vino fue elaborado en la ciudad imperial del Cuzco, para luego desplazarse hasta las costas peruanas desde Lima hacia Tacna, en donde usando tanto los alambiques como, las tradicionales falcas, se convertirían los mostos en ese maravilloso aguardiente, que disfrutamos hasta ahora.
Ocho son las cepas pisqueras con las que se elabora este noble destilado: italia, moscatel, albilla, torontel, quebranta, negra criolla, mollar y uvina; desbordando una sensualidad y desplegándose en un abanico de aromas, desde los más sutiles y frutales, hasta los más contundentes y agresivos. Por ejemplo, podemos encontrar en una translúcida copa de “quebranta” notas a plátano, lúcuma, granadilla, pecana, final a chocolate, pasas negras y más; y en una copa de “torontel” aromas y sabores delicados y bien estructurados, con notas que con facilidad podemos asociar a flores blancas, jazmín, mandarina y canela fresca. Demostrando así que la magia del Pisco se encuentra, fundamentalmente, en la diversidad de sus cepas, ya que cada de ellas tiene sus propias características y tipicidad.
Existen tres tipos de Piscos: puros, que son los elaborados con una sola variedad de uva; acholados, en los cuales entran dos cepas o más y los mosto verde, aquellos destilados de mostos que no han terminado aún de fermentar, lo que les brinda esa encantadora suavidad y terciopelo.
Tratándose de Perú, es imposible no mencionar su gastronomía, y el Pisco no solo ha sido un gran compañero, sino uno de sus exquisitos ingredientes en nuestra gran diversidad de platos y postres. Ahí está el Pisco, para el flambeado de los inmejorables saltados, para las bases, reducciones y sofritos, para macerar las carnes, para “emborrachar” frutos frescos o hierbas aromáticas que servirán luego de inmejorables pusscafé.
Atrévase y disfrute de este incomparable espirituoso, servido puro en una copa, maridándolo con un delicioso postre, en un sofisticado cóctel o como el ingrediente más exquisito de nuestra gastronomía… Salud!





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